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jueves, 15 de enero de 2026

El​ Proceso de Divorcio en la Provincia de Tucumán: elegir entre un Acuerdo Regulador Integral, o la costosa Fragmentación Procesal

 

El​ Proceso de Divorcio en la Provincia de Tucumán: La Conveniencia de un Acuerdo Regulador Integral, confrontada con la Fragmentación Procesal (elegir entre uno o vários procesos)

La​ culminación de un proyecto de vida en común mediante la disolución del vínculo matrimonial, si bien reviste un profundo impacto personal y familiar, debe ser abordada desde la perspectiva del derecho con la seriedad, la responsabilidad y la visión de futuro que la trascendencia de sus efectos amerita. Desde este Estudio Jurídico, con la experiencia acumulada a lo largo de veinte años de ejercicio profesional y desempeño en el fuero de Familia, hemos asistido a la transformación legislativa que redefinió el divorcio en la República Argentina, otorgándole un carácter incausado e inmediato que persigue la máxima celeridad en la liberación del vínculo conyugal. No obstante, la verdadera complejidad del proceso, particularmente en el ámbito de la Provincia de Tucumán, reside en la regulación de los efectos derivados de dicha disolución, donde la autonomía de la voluntad de los litigantes determina el caminho procesal –juicio o juicios, uno o vários processos- para acceder a una solución eficiente y protectora, o, por el contrario, para sumergirse en la senda tortuosa de la fragmentación procesal.

El​ Código Civil y Comercial de la Nación (CCCN), en consonancia con los principios constitucionales y los tratados de derechos humanos incorporados, eliminó la necesidad de invocar o probar una causal para obtener el divorcio, concentrando la atención en el Convenio Regulador, que es la pieza fundamental para reordenar la vida de la familia post-matrimonial. Paralelamente, el Código Procesal de Familia de la Provincia de Tucumán (Ley N° 9.581 y sus modificatorias), un cuerpo normativo moderno que exalta los principios de oralidad, celeridad y tutela judicial efectiva, establece en su artículo 156 el procedimiento específico para la tramitación de la acción de divorcio unilateral, marcando un claro derrotero que subraya la importancia de la presentación de una propuesta integral sobre los efectos, la cual debe ser realizada por el cónyuge peticionante. Esta propuesta, de ser aceptada o consensuada con la contraparte, se convierte en el vehículo para una resolución judicial integral en un único expediente, logrando en algunos casos, según la práctica local, sentencias de divorcio y homologación del convenio en lapsos de tiempo notablemente reducidos.

 

I.​ El Convenio Regulador: Eje de la Tutela Efectiva y la Responsabilidad Post-Matrimonial

El​ Convenio Regulador no es un mero anexo formal, sino el eje principal y determinante del proceso de divorcio. Es el instrumento mediante el cual los cónyuges, asistidos por sus letrados, ejercen su autonomía de la voluntad para disponer sobre las cuestiones que más íntimamente los afectan y que, al involucrar el interés superior de los niños, niñas y adolescentes (NNyA), deben ser objeto de un control tuitivo –protector de los interesses superiore en juego- por parte del magistrado interviniente.

I.A. La Imperiosa Necesidad de Acordar la Liquidación del Régimen Patrimonial

La​ distribución de los bienes adquiridos durante la vigencia del matrimonio, o en su defecto, la liquidación de la comunidad de bienes gananciales, constituye uno de los puntos de mayor fricción y, a su vez, de mayor conveniencia para su inclusión en el Convenio Regulador. La ley nacional es clara al exigir que la propuesta verse sobre la distribución de los bienes. Si bien la sentencia de divorcio disuelve la comunidad de bienes con efecto retroactivo a la fecha de la solicitude –cuya fecha es declarada por las partes interessadas-, la liquidación efectiva de esos activos no es automática.

La​ conveniencia de resolver la liquidación patrimonial en el marco del divorcio es superlativa. Primero, ofrece un marco de certeza y economía procesal, al evitar la iniciación de un juicio de liquidación de comunidad posterior, el cual se tramita por las reglas de un proceso de conocimiento más complejo. Este proceso autónomo implica un nuevo expediente, una nueva intervención judicial, la necesidad de inventario y avalúo, la posible designación de un partidor y un considerable incremento de los costos en concepto de tasas, sobretasas y honorarios profesionales. Segundo, permite una visión integral de la economía de la ruptura, pudiendo los cónyuges negociar la división patrimonial en compensación o en contraprestación de otros efectos, como ser el uso de la vivienda familiar o una compensación económica. El acuerdo de partición, inserto y homologado en el Convenio Regulador, clausura este capítulo de la relación conyugal de manera definitiva y con la eficacia de la cosa juzgada, permitiendo a los ex cónyuges proyectar su futuro económico sin la carga de un litigio pendiente.

I.B. La Regulación del Régimen Comunicacional y de Alimentos

En​ los casos en que existan NNyA, los efectos del divorcio adquieren una dimensión de protección especial y de orden público que se articula en torno al principio del interés superior del niño. La responsabilidad parental, que incluye el cuidado personal y el régimen comunicacional (anteriormente denominado régimen de visitas), y la obligación alimentaria, no cesan con la disolución matrimonial, sino que deben ser reordenadas.

La​ conveniencia de acordar estas cuestiones en el Convenio Regulador resulta evidente, dado que son los progenitores quienes mejor conocen las rutinas, necesidades y afectos de sus hijos. Un régimen comunicacional pautado por acuerdo resulta más adaptable, flexible y, sobre todo, menos traumático para los NNyA, quienes son los destinatarios últimos de la protección que el fuero de familia debe dispensar.

En​ Tucumán, el artículo 156 del Código Procesal de Familia prevé la audiencia del CCCN (art. 438) para intentar el acuerdo, e incluso la remisión a un proceso de mediación obligatorio ante la falta de consenso, demostrando la predilección del legislador por la solución autocompositiva antes que la judicialización del conflicto.

Sin dudas, el Convenio Regulador consensuado es el camino más directo y seguro hacia la estabilidad familiar post-divorcio.

 


II.​ La Contraste con la Realidad Procesal Conflictiva: La Fragmentación del Litigio

La​ negativa de las partes a alcanzar un acuerdo respecto de los efectos del divorcio, ya sea en la presentación de la propuesta inicial, la contrapropuesta, la audiencia o la instancia de mediación, obliga al sistema judicial a activar el mecanismo previsto en la ley procesal tucumana. Este camino, si bien garantiza el derecho de defensa y la tutela judicial de los intereses en conflicto, opera a costa de una ineludible fragmentación procesal, cuyas consecuencias deben ser sopesadas por todo litigante.

El​ artículo 156 del Código Procesal de Familia de la Povincia de Tucumán establece que, de subsistir las discrepancias sobre los efectos, estos tramitarán por las reglas previstas en el Código, habilitando la promoción de las respectivas acciones de fondo. Esta disposición, en la práctica, se traduce en la multiplicidad de expedientes simultáneos para dirimir cada una de las cuestiones no acordadas:

  1. Un expediente de divorcio propiamente dicho (cuya única finalidad será obtener la sentencia que disuelva el vínculo, pues el desacuerdo no la suspende).
  2. Un expediente de liquidación y partición de la comunidad de ganancias (para la división de bienes).
  3. Un expediente de fijación de alimentos (para los hijos y, eventualmente, para el cónyuge o ex cónyuge, si correspondiera una cuota alimentaria o compensación económica).
  4. Un expediente de fijación de régimen comunicacional y cuidado personal.

II.A. Consecuencias de la Multiplicidad de Expedientes

La​ fragmentación de las pretensiones en distintos expedientes acarrea una serie de consecuencias negativas que definen la pérdida de conveniencia del litigio sin acuerdo:

El​ tiempo es el primer factor afectado de manera crítica. Mientras el divorcio se resuelve con celeridad (dada su naturaleza incausada), la liquidación de bienes y los procesos de fondo que dirimen alimentos y comunicación demandan el trámite de procesos contenciosos plenos, con etapas de prueba, pericias (contables, psicológicas, socioambientales) y recursos, cuya duración puede extenderse por años. La litigación en diversos frentes dilata innecesariamente la llegada de la paz jurídica y la estabilidad económica para los cónyuges.

Los costos económicos se multiplican de manera exponencial. Cada expediente genera costos de tramitación, notificaciones y, fundamentalmente, la obligación de afrontar los honorarios profesionales de los letrados intervinientes en cada uno de los procesos, lo que representa una pesada carga que en muchas ocasiones dilapida una parte considerable del patrimonio conyugal.

El​ desgaste emocional y el mantenimiento del conflicto se magnifican. La necesidad de acudir a múltiples audiencias, presentar escritos, producir pruebas y enfrentar el contradictorio en diferentes procesos judiciales mantiene a los litigantes y, lo que es más grave, a sus hijos, inmersos en un estado de confrontación prolongada.

Finalmente, la pérdida de la visión integral del conflicto es una consecuencia no menor. Si bien los magistrados de familia procuran coordinar las resoluciones, la división del debate entre diferentes expedientes puede llevar a soluciones aisladas que no responden a una planificación global de la economía familiar post-divorcio, a diferencia de lo que permite el

 

III.​ Consideración Final y Postura Profesional

Como profesional con dos décadas de trayectoria, puedo atestiguar que el divorcio incausado, complementado con el procedimiento flexible del Código Procesal de Familia de Tucumán, ofrece una herramienta jurídica excepcional para la resolución pacífica de la crisis matrimonial. Sin embargo, la efectividad y la conveniencia de esta herramienta están intrínsecamente ligadas a la capacidad y la voluntad de los cónyuges de negociar y acordar los efectos de la disolución a través de un Convenio Regulador exhaustivo.

El​ acuerdo es sinónimo de rapidez, economía y, fundamentalmente, de protección para la familia, en especial para los NNyA, quienes no deben ser instrumentalizados ni expuestos a la crueldad de la contienda judicial. La vía del litigio fragmentado, por el contrario, implica la elección de un camino que incrementa la dilación, los costos y el desgaste emocional, forzando a los cónyuges a transitar múltiples expedientes para obtener una solución que, de haberse negociado a tiempo, se habría resuelto en un solo acto y con mayor conformidad de las partes.

La​ invitación de este Estudio Jurídico a quienes se enfrentan a un proceso de divorcio en Tucumán es a ejercer la responsabilidad que la ley pone en sus manos, priorizando la búsqueda de consensos sobre la liquidación de bienes, la fijación de la cuota alimentaria y la articulación del régimen comunicacional. La intervención del letrado, en este contexto, muta de ser un defensor en la contienda a ser un facilitador y un asesor estratégico, guiando la negociación hacia un Convenio Regulador que resguarde los intereses de todos los integrantes del grupo familiar y permita iniciar la etapa post-matrimonial con la mayor certeza y menor conflictividad posible.

De no ser así, la ley tucumana no duda en disolver el vínculo, pero los litigantes no deben sorprenderse al verse obligados a iniciar una seguidilla de acciones judiciales independientes que, por su propia naturaleza, retrasarán la tan ansiada tranquilidad definitiva.

En términos coloquiales, “más vale un mal arreglo que un buen juicio”.

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